ESPINOSA

 

Espinosa de Henares

 

Habitantes: 356

Altitud: 760,8 m.

Distancia de la capital: 37 km.

Alumnos: 47 (4 aulas)

 

     Se trata de uno de los pueblos más importantes del Valle del Henares, que pese al golpe fatal de la emigración en el medio rural durante las últimas décadas se sostiene como una entidad viva, con algunas tiendas de primera necesidad, agencias bancarias, fábricas de yeso y de cemento, estación de gasolina, apeadero del ferrocarril y algunos servicios más de los que carecen la mayoría de los pueblos de la Provincia.

     Un puente de piedra sobre el río Henares comunica ambas orillas y pone en contacto al lugar con las carreteras, junto a una arboleda frondosa aneja al parque.

     Dos ideas acuden de inmediato a la mente al pensar en Espinosa. La primera es aquella por cuanto se dijo haber sido éste el pueblo natal de Cristóbal Colón, afirmación en modo alguno gratuita, pero falta de solidez documental que el tiempo se ha encargado de diluir. La segunda se refiere a la fiesta anual de Santa Águeda, cada día 4 del mes de febrero, fecha en la que las mujeres de Espinosa, ataviadas muchas de ellas con vistosa indumentaria, toman las riendas del mando en el municipio durante veinticuatro horas.

     Tuvo importancia este lugar, donde el Henares recibe las aguas del río Aliendre que baja desde Cogolludo, ya desde una remota antigüedad. Por este valle del Henares pasaba la calzada romana que desde Mérida se dirigía a Zaragoza; según los cálculos descritos en los clásicos itinerarios romanos por la Península Ibérica, esta zona del Henares por Espinosa corresponde a la población de Caesada. Es indudable la existencia de villas romanas y otras construcciones antiquísimas en el lugar denominado de Santas Gracias, en la junta de los ríos. Poco más arriba, en el lugar que hoy se conoce por Untiana, también a orillas del Henares, estuvo situada la aldea de Fonciana, de origen remotísimo, que indudablemente existía cuando la reconquista de la zona, pues Alfonso VI, en 1100, la donó a don Vivencio, abad del monasterio bernardo de San Pedro de Gumiel, en la diócesis de Osma.

     Perteneció el lugar al alfoz y jurisdicción de Hita, pasando en 1335 al señorío del Obispo de Osma y más adelantado el siglo XIV al poderoso magnate alcarreño don Íñigo López de Orozco, a través de cuya hija doña Teresa López, y siguiendo las vicisitudes de Espinosa, pasó a la casa de los Mendoza.

     El puente que cruza sobre el Henares es obra muy antigua, medieval, quizás en su origen romana. Aún se contempla la casa-palacio que, sobre el solar de la antigua casa fuerte de los Mendoza, levantaron en el siglo XIX los duques del Infantado para sus temporadas de vacaciones.

     La iglesia parroquial es obra del siglo XIV, erigida cuando el pueblo comenzaba a ganar importancia y población; destaca en ella su gran espadaña a poniente, de corte románico, con remate triangular y grandes vanos para las campanas, con refuerzos laterales. Tiene otros añadidos muy modernos, sin interés artístico.

   Herrera Casado, Antonio y Serrano Belinchón, José: “Guadalajara desde el Aire”

ITINERARIO DE ANTONIO

Itinerario de Antonino

18.07.2012 01:56

 

 

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El llamado Itinerario Antonino o Itinerario de Antonio Augusto Caracalla es un documento de la Roma antigua que se supone redactado en el siglo III en el que aparecen recopiladas las rutas del Imperio romano. De este itinerario solo se conserva la copia procedente de la época de Diocleciano (siglo IV).

Principales calzadas romanas de Hispania, recogidas en el Itinerario de Antonino.

En cada ruta se identificaban mansiones, correspondencias y millas. Por sus características e indicaciones, parece más ideado con el fin de facilitar la localización de los núcleos de población con fines recaudatorios que como ayuda al viajero. A pesar de ello, las indicaciones sobre distancias del citado itinerario han permitido localizar una gran multitud de emplazamientos desaparecidos por toda la antigua red de vías romanas, así como de algunas calzadas romanas no documentadas por otras fuentes.

En este documento se señalan 372 rutas, de los cuales 34 corresponden a las Provincias de Hispania.

El Itinerario Antonino sólo comprende los caminos que constaban en el Registro de Pretor, o tal y como se diría hoy, carreteras del Estado, faltando todos los caminos vecinales de los que tenemos referencias por Plinio el Viejo, Estrabón y otros escritores. Por eso el Itinerario no es una recopilación completa de las calzadas romanas aunque sí comprende algunas de las principales, identificándose las de las provincias de Hispania del nº I al nº XXXIV.

 

Contenido

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[editar] Ejemplos

En la tabla adjunta se muestra un ejemplo para una de las vías descritas en el Itinerario. En la columna de la izquierda se muestra el texto original latino y a la derecha su equivalente actual, aproximado en algunos casos.

 

Iter XXV (Vía 25)

Alio itinere ab Emeritam Cesaragustam 369

Otro camino de Mérida a Zaragoza, 369 millas (la vía 24 también va de Mérida a Zaragoza, pero por Salamanca)

Lacipea xx

Villar de Rena (Badajoz), 20 millas

Leuciana xxiv

Ubicación desconocida, unos dicen que es Logrosán (Cáceres) y otros que Luciana (Ciudad Real), 24 millas

Augustobriga xxii

Actualmente sumergida en el embalse de Valdecañas, 22 millas

Toletum lv

Toledo, 55 millas

Titulciam xxxiv

Titulcia (Madrid), 34 millas

Complutum xxx

Alcalá de Henares, 30 millas

Arriaca xxii

Guadalajara, 22 millas

Caesada xxiv

Espinosa de Henares, 24 millas

Segontia xxiv

Sigüenza, 24 millas

Arcobriga xxiii

Arcos de Jalón, 23 millas

Aquae Bilbilitanorum xxiv

Alhama de Aragón, 24 millas

Bilbilis xvi

Calatayud, 16 millas

Nertobriga xxi

Calatorao, 21 millas

Segontia xiv

Cerca de Bárboles, 14 millas

Cesaraugusta xiv

Zaragoza, 14 millas

 

HISTORIA DE LA FIESTA DE SANTA AGUEDA

Historia de la fiesta de Santa Águeda

18.07.2012 01:59

 

 

Publicado

El uno hace día, el dos Santa María día de las Candelas , el tres San Blas, el cuarto San Nicolás en la villaSanBlasillo y el cinco Santa Águeda, como dice un antiguo refrán castellano. Cuando llegan estas fechas del mes de febrero, la villa celebra las festividades en honor de San Blas, su patrón, y de Santa Águeda, conocido por ser el día que mandan las mujeres.

Fue un dominico genovés, Santiago de la Vorágine, quien en su Leyenda Dorada, escrita hacia el año 1264, nos cuenta en la vida de Santa Águeda que el cónsul romano Quintiliano la torturó cortándole los pechos, ante su negativa de mostrarle su cuerpo desnudo. Milagrosamente, un ángel la confortó y curó.

La religión católica, en honor de la Santa, instauró esta conmemoración el día 5 de febrero, dos días después de San Blas. En algunos pueblos de España, y mas concretamente en nuestra villa el día de Santa Águeda ha tenido y sigue teniendo gran arraigo popular como una fiesta previa al Carnaval en la que las mujeres de entonces invertían sus papeles sociales revelándose contra el poder establecido y contra el dominio masculino, quedando entonces y ahora como una fiesta tradicional de las mujeres.

Espinosa de Henares, fue en la antigüedad un pueblo eminentemente agrícola. Aún más, sin propiedades propias, mas todas eran cultivadas por renteros o se trabajaban por cuenta de los dueños de la fincaEspinosa como jornaleros, de ahí el apodo dedescamisadosa sus habitantes.

La fiesta en nuestro pueblo nos hace suponer que remonta su celebración a los siglos XVI XVII. Según la leyenda, la costumbre de hacer la hoguera este día de Santa Águeda se hizo por primera vez, al salir las mujeres de la función religiosa en su honor. Pasaban dos leñadores con sus mulas o asnos cargados de gavillas de leña, para su venta en la villa; les obligaron a descargarla y seguidamente, amontonada, le prendieron fuego, haciendo una gran fogata, tradición que no se ha perdido en el transcurso de los años.

En una memoria interrogatorio que mandó hacer el rey Felipe II, a finales del siglo XVI, con la intención de formar la historia de los diversos pueblos de España, la villa de Espinosa de Sobre Henares así se ha llamado siempre, casi hasta este siglo , dicha villa es del ilustrísimo Marqués del Cenete, Duque del Infantado, y en la instrucción y memoria de las relaciones que se hicieron en la villa de Espinosa, en la referente a si es abundosa o falta leña, respondieron, que como dicho tienen, es tierra falta de leña, y que la van a comprar de algunos montes comarcanos.

En unas respuestas generales hechas en la villa, el 12 de noviembre de 1752, respondieron que dicha villa de Espinosa de Sobre Henares es de la ilustrísima Señora Duquesa del Infantado, y a una de las preguntas dijeron que cuenta con dehesa boyal, en la que parece se encontraba roble, carrasca, jara y retamas.

De ahí que maticemos y demos el origen de esta fiesta sobre los siglos reseñados anteriormente.

Llegarnos a lo que propiamente es la fiesta. Cada 5 de febrero, día de Santa Águeda, desde las primeras horas las célebres águedas nombre con el que se conoce a las mujeres de la villa en este día, salen de sus casas ataviadas con trajes regionales, atuendo típico de las antiguas labradoras. Sin saber de dónde y cuándo se ven congregadas ante la puerta de la que va a ser proclamada alcaldesa. Todo el séquito de mujeres águedas se dirige al Ayuntamiento, donde los vecinos esperan a la comitiva con la curiosidad de conocer la identidad de la nueva alcaldesa. En presencia de las águedas, el alcalde de la villa, le hace entrega del bastón de mando e impone la banda de alcaldesa, con el que presidirá todos los actos del día. Hasta las 24 horas ostentará el gobierno del pueblo en representación de todas las mujeres. Seguidamente, la banda es impuesta a las dos concejalas, que acompañarán a la alcaldesa a todos los actos programados y que al hacer presencia en los balcones del Ayuntamiento son recibidas con vivas y repetidos aplausos. Tras un intercambio de palabras de agradecimiento, la nueva alcaldesa invita a los vecinos a que se diviertan en la fiesta y reine la alegría.

Después del protocolario acto, y al son de la charanga que les acompañará durante todo el día, desde la Plaza de España, da comienzo el desfile por las calles del pueblo, y así calle por calle hasta la hora de la función religiosa.

Junto al altar, la imagen de Santa Águeda preside la ceremonia de la Santa Misa, que es cantada por todas las mujeres; al ofertorio, ofrenda de frutos, dulces y ramos de flores, y a la terminación de la Eucaristía, la Santa es llevada por las mujeres sobre andas en procesión por calles y plazas, no dejando de bailar y cantar en todo el recorrido. A la llegada de vuelta a la puerta de la iglesia, son subastados los ”maneros” para entrar en el templo a Santa Águeda, entrada que es despedida con vivas y grandes aplausos.

Terminados los actos religiosos, y siempre las águedas acompañadas de la música, prenden fuego a la hoguera en la plaza de costumbre; mientras ésta arde, se interpretan bailes y cantos populares y regionales, a la vez que corretean por la plaza incansablemente al son de la orquesta. Siempre hay mirones varones, que ya saben a lo que se exponen si les piden dinero o les sacan a bailar y no lo hacen, darse una carrera y que alguna vez sean alcanzados por las mujeres, y lo menos que les ocurra, es que les quiten los pantalones, como es costumbre, y en este tiempo no es para quedarse en paños menores; y si no que se lo pregunten a Gerardo Martínez “Barrabás”, que hace varios años lo vieron en toda España, por la retransmisión que hizo de la fiesta TVE: le dejaron en calzoncillos, y menos mal que llevaba peleles.

Es curioso observar cuando el fuego adquiere pujanza en la hoguera, a las mujeres de nuestro pueblo, entre chispas como estrellitas de oro, como sienten en sus venas el borbotón de la juventud.

Aquí viene muy bien la siguiente seguidilla manchega, adaptada a la villa, que se canta en este día:

A Espinosa, niña,

vine contigo.

Menudo fue el asombro

de Santa Águeda.

Quizá pensara

lo bonita que tienes

niña, la cara.

Al final de la hoguera, cuando la leña es ceniza y alguna ascua ya pierde su brillo y más tarde todas, con el dinero que sacan por estos procedimientos, como los antes descritos y lo que saquen de rascarse el bolsillo, comen en hermandad en algún local o restaurante de la villa, comidas típicas del pueblo, y mientras tanto los hombres en el trabajo y a los quehaceres domésticos, pues este día solamente llega una vez al año.

Por la tarde, alegres después del banquete, hacen baile y en los intermedios o descansos de la música tiene lugar el “baile de la rueda”, en el que sólo intervienen las mujeres, y si algún osado varón pretende entrar, sale trasquilado. El baile es costeado por la Asociación o Hermandad de Santa Águeda, y el Ayuntamiento contribuye a popularizar la fiesta. Todo el pueblo se da cita en el salón, que en ocasiones se ve acompañado de gente forastera que intenta disfrutar también de la fiesta, siendo las mujeres en este día las que sacan a bailar a los hombres.

Esta fiesta de nuestra villa, que aunque pequeña en habitantes, sus fiestas son del rango y concurrencia de una ciudad mayor, la tradición y el estímulo por su conservación han hecho que llegue hasta nuestros días con el mayor esplendor.

Recordemos ahora unos versos del Arcipreste de Hita, en el que nuestras águedas son fiel reflejo:

Chica es la calandria y chico el rroyseñor;

pero más dulce canta, que otra ave mayor;

la muger, ser chica, por eso non es pior;

con doñeo es más dulce, que azucar nyn flor.

Syempre quis’muger chica, más que grand’nin mayor;

¡Non es desaguisado de gran mal serfoy dor!

del mal, tomar lo menos: díselo el sabidor:

¡por end’de las mugeres la menos es mijor!

Verdad es que Juan Ruiz conocía nuestros pequeños pueblos y a sus mujeres, que aunque de bajo linaje, sabían ser alegres en las fiestas y dulces como el azúcar de la flor -como nuestra miel de la Alcarria- pero nunca derivaron en el loco y liviano amor.

El mandato de la alcaldesa acabará a la media noche. Nuevamente, y esta vez sin ritual, las aguas vuelven a su cauce, y el poder femenino desaparece. Habrá que esperar al próximo año, a la próxima fiesta de Santa Águeda, día que mandan las mujeres, en todos los hogares espinoseros, para nombrar la nueva alcaldesa que rija los destinos del pueblo de una forma tan particular, de ser las dueñas de todo y hacer y deshacer a sus anchas.

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SIGUE DE SANTA AGUEDA

SAN BLAS Y SANTA AGUEDA

18.07.2012 02:01
    Las fiestas de San Blas y Santa Águeda son las más auténticas y singulares de Espinosa, repletas de costumbrismo y peculiaridad. Gozan de gran popularidad entre sus gentes y cuentan con la participación masiva de todo el pueblo. Se trata de dos fiestas unidas en una sola...

LAS VIAS ROMANAS POR GUADALAJARA

VIAS ROMANAS

18.07.2012 02:04
  A lo largo de las vías romanas, se establecían las “mansiones” una especie de posadas para albergue de soldados y viajeros. Según el Itinerario de Antonino, a su paso por nuestra tierra eran tres las mansiones existentes La gran Ruta de Mérida a Zaragoza Del denso entramado de vías...

NUMINASTICA

SANTAS GRACIAS

18.07.2012 02:07

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HISTORIA DE LOS ROMANOS

INFO HITA: HISTORIA > DE LOS ROMANOS

18.07.2012 02:10

 

No hay datos históricos de Hita hasta la época musulmana aunque es de suponer según muchos autores que la importancia de Hita viene de bastantes siglos atrás.

Por los restos encontrados en la zona, se presupone que desde la prehistoria ya hay población en los alrededores de Hita. Han aparecido algunos restos del Paleolítico y del Neolítico y escasos de la Edad del Bronce. Posteriormente serían los celtíberos, tribus olcades,  los que ocuparan Hita hasta la llegada de la romanización.

 

Los romanos instalaron en Hita un punto de vigilancia de la calzada romana que unía Mérida y Zaragoza. Antonino Pío menciona, en su itinerario romano, un lugar llamado Caesada 16 millas arriba de Arriaca (Guadalajara).

La localización de la Caesada romana en la ubicación actual de Hita es un tema en el que los historiadores no coinciden plenamente. Algunos la sitúan en las cercanías de Espinosa de Henares basándose principalmente en los restos encontrados. Sin embargo analizando en conjunto todos los datos, la situación y la posible ruta de la calzada romana, todo apunta a situarla en el cerro de Hita.

Dentro de la estructura romana, Caesada estaba incluida dentro de Hispania Citerior y posteriormente en la Hispania Tarraconense. La población hispano-romana siguió creciendo hasta la llegada de los árabes.

       
 
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ESPINOSA DE HENARES

ESPINOSA

18.07.2012 02:13

 

Espinosa de Henares


Espinosa de Henares es un municipio que pertenece a la provincia de Guadalajara en la Comunidad Autónoma de Castilla–La Mancha, se encuentra ubicado en la Comarca de la Campiña del Henares, a una altitud de 761 m.s.n.m., tiene una superficie territorial de 39,42 km², dista 41,1 km. vía carretera hacia el noreste de la capital de provincia, Guadalajara y cuenta con una población de 241 habitantes (2009).

Están anexionadas a su término las pedanías de Carrascosa de Henares y Valdeanchea, esta última se encuentra deshabitada. Por su territorio pasa el río Henares que recibe al río Aliendre proveniente de Cogolludo.

Histroria
Fue ya ocupada en época romana, con asentamientos en Santas Gracias, precisamente en el paraje en el que se encuentran los ríos de Henares y Aliendre, donde se han encontrado restos arqueológicos de la época romana, se sabe también que por Espinoza de Henares, más exactamente por Caesada pasaba la antigua calzada romana proveniente de Mérida con dirección a Zaragoza.

Antes de la llegada de la reconquista ya existita una población llamada Fonciana, hoy Untiana; esta fue donada por Alfonso VI a don Vivencio, abad del monasterio bernardo de San Pedro de Gumiel, diocesis de Osma, en el año 1100, entonces perteneció este territorio al alfoz y jurisdicción de Hita, después al señorío del Obispo de Osma en 1335 y más tarde a don Iñigo López de Orozco, posteriormente a través de su hija, Teresa López casada con Pedro González de Mendoza, paso a poder de los Mendoza en 1382 obteniendo jurisdicción propia, luego como heredad paso a manos de su hijo don Diego Hurtado de Mendoza, Almirante de Castilla, de este lo recibió como herencia su hija Aldonza de Mendoza, duquesa de Arjona, apoderándose de este territorio a su muerte en 1435, su primo don Diego Manrrique; en cuyas manos no quedaría ya que el primer marqués de Santillana, Don Iñigo López de Mendoza reclama el territorio y lo recupera como parte del señorío de Hita que era cuando lo adquirió su abuelo, don Pedro González; se mantuvo desde entonces y hasta el siglo XIX en poder de los duques del Infantado.


Fonciana como población estuvo habitada hasta el siglo XVI, mientras que Espinosa era solamente una casa o caserío, que sin embargo a partir de la Baja Edad Media se constituye como población.

Su economía se sustenta sobre la base de la actividad agrícola y ganadera, también se desarrolla la apicultura.

 

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción


 
Monumentos Históricos
En el municipio destaca la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción que fue inicialmente construida como ermita entre el siglo XIII y el XIV, fue reconstruida en el siglo XVI está vez más amplia de una sola nave bajo el mando del señorío de los Mendoza, tiene una espadaña campanario grande de estilo románico con remate triangular. Fue construida con ladrillo y su techo está cubierto de atirantados y con adornos de taraces poligonales, su artesonado presenta un estilo mudéjar.

Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, de origen poco conocido pero de la que se conoce desde 1750, fue destruida en la guerra civil a cuya posterioridad fue reconstruida colocando en su cúpula un Sagrado Corazón.

Convento de Santa Clara, fundado en 1899, fue destruido por unas bombas durante la guerra civil y sufrió el saqueo de sus bienes, obras de arte y archivos. Fue reconstruido más tarde por Regiones Devastadas, albergaba un centro educativo para niños, el cual fue cerrado luego de que el Vaticano lo ordenara, para que las monjas se dedicaran solamente a la vida espiritual.


Fíbula anquiliforme visigótica


 
Puente, que se halla sobre el río Henares probablemente es romano pues es muy antiguo, la traza sin embargo es de época medieval, siglo XV.

Fíbula anquiliforme visigótica, encontrada en Espinosa de Henares, esta joya que hoy se expone en el Museo Arqueológico Nacional de España, Madrid, fue trabajada en bronce y con pasta vítrea en el siglo VI, utilizando la técnica del alveolado o tabicado.

Casa Palacio de los duques del Infantado, construida en el siglo XIX sobre la antigua casa fuerte de los Mendoza.


Las Fiestas
Las fiestas más importantes son:

  • Fiesta de Santa Agueda, se celebra el 5 de febrero con la participación principal de las mujeres.
  • Carnaval, en el que destaca el Domingo del Gallo.

 

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GUADALAJARA

GUADALAJARA

18.07.2012 02:23

 

Ciudad de España, capital de la provincia del mismo nombre, situada en el SO de la provincia, en la margen izquierda del Henares, a 679 m de altitud y a 56 km de la Madrid. Cuenta con una población de 68.248 habitantes (2001), (11.144, según censo de 1900) y su término municipal ocupa una extensión de 151,17 km²

 

 

HISTORIA DE GUADALAJARA

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Desde su fundación, Guadalajara ha gozado de una situación privilegiada ya que domina la orilla izquierda del amplio valle del río Henares, en la parte más elevada de la meseta sur de Castilla y entre dos barrancos, hecho que le ha concedido durante siglos un gran valor estratégico, pues desde ella se controlaban importantes pasos que unían la España atlántica con la mediterránea.

Su origen y poblamiento han sido tratados por numerosos historiadores desde muy diversos aspectos sin que se pueda establecer un momento concreto de la ocupación de su territorio. Desde siempre ha sido identificada con la Arriaca romana, que estuvo emplazada en la calzada de Mérida a Zaragoza, a medio camino entre Complutum (Alcalá de Henares) y Caesada (Espinosa de Henares). Esta supuesta antigüedad romana y su identificación con la ciudad de Arriaca se ha basado durante siglos en los datos aportados en el manuscrito de Francisco de Medina y Mendoza, Anales de la ciudad de Guadalajara de 1560, recogido por Catalina García. A esto, añaden las personas que contestaron al cuestionario de Felipe II en 1550 que, por donde desagua el río Henares, había unas piedras grandes con letras romanas cuyo desgaste impedía leer su inscripción.

La Arriaca que fuera poblada por los íberos y más tarde mansión romana en la Vía Augusta, a orillas del Henares, no corresponde con la actual Guadalajara; la atribución clásica de haber sido ésta la más antigua referencia ciudadana no puede sostenerse hoy. Por tanto, para poner términos al origen de la ciudad, baste suponer que en las orillas del río Henares, y junto a la calzada romana, hubo un establecimiento mínimo que ya originó, en época hispano-romana, la construcción de un puente y que más tarde, en los días de la invasión árabe, hizo que éstos se ubicaran en el establecimiento, reforzándolo, construyendo en lo alto, sobre el espolón que bordeado de barrancos discurre de norte a sur, la primitiva ciudad y levantando definitivamente el grandioso puente sobre el río.

Toda esta confusión se ha originado debido a que la Guadalajara actual no muestra ningún vestigio de sus etapas preislámicas. Igualmente escasas son las noticias que pueden conseguirse de forma directa acerca de la Guadalajara musulmana, lo que hace necesario atender a una Guadalajara árabe y arqueológica estudiada con hallazgos, vinieren de donde vinieren, de la prospección, de la incipiente excavación o de las fuentes escritas árabes y cristianas. Del propio momento de la conquista de la ciudad se poseen pocos detalles, y éstos a veces muy discutidos en cuanto a su fiabilidad. Aun así, se puede deducir la existencia de una ciudad de no pequeña importancia, dentro del estado cordobés de al-Andalus, en sus distintas etapas.

Tanto en la época califal como en la del reino taifa de Toledo, Guadalajara capitaneó la defensa del territorio alcarreño y gobernó el valle de los castillos que constituía el Henares como una gran línea defensiva.

La ciudad fue fortificada a partir del siglo IX; vio construir, por orden de los califas cordobeses, primero su alcázar, situado cerca del río, en el punto en que los barrancos del Alamín y San Antonio están próximos y, posteriormente, a partir del siglo X, una muralla que rodearía al primitivo enclave poblacional, todavía reducido y limitado a la parte próxima al alcázar y lo que hoy es el palacio del Infantado. Es en este siglo X cuando la ciudad adquirió la fisonomía de una gran población. Tras la conquista cristiana el trazado de la ciudad cambió, aunque sobre el solar de la primitiva.

La transformación de esta ciudad musulmana se produjo a fines del siglo XIII, momento en el que ya era una ciudad eminentemente cristiana, cuando se construyeron nuevas murallas dejando fuera de ellas el arrabal de la Alcallería y se amplió el recinto por el sur y el oeste; os viejos caminos sirvieron de base para el trazado de sus calles.

Su reconquista se produjo bajo el reinado de Alfonso VI, siguiendo la tradición que se recoge en el escudo de la ciudad; fue realizada por Alvar Fáñez, pariente del Cid Campeador, que una noche del año 1085 sitió las murallas de la ciudad, se introdujo sigilosamente en ella a través del arco de la Feria y conquistó la plaza sin apenas oposición por parte de la población árabe.

Dejando al margen la leyenda de la conquista de la ciudad, ésta se enmarca dentro de las campañas realizadas por Alfonso VI para conquistar Toledo; pasó a formar parte del reino castellano el año 1085 junto a ciudades como Atienza, Hita, Alcalá, Madrid y Toledo. Desde este momento fue ciudad de realengo y le fueron otorgados Fueros por Alfonso IV, en 1133, por Fernando III, en 1219, y por Alfonso X el Sabio, en 1260, que además le concedió licencia para la celebración de dos ferias que la impulsaran económicamente.

El Común o alfoz de Guadalajara fue muy amplio desde su origen. Alcanzó su máxima extensión en el siglo XIV, cuando reunió un total de 61 aldeas, divididas en dos zonas claramente definidas: el Campo y la Alcarria.

Desde la Baja Edad Media la vida de la ciudad estuvo marcada en gran manera por el asentamiento en ella de una familia tan poderosa como la de los Mendoza. El primero en asentarse en la ciudad fue Gonzalo Yáñez de Mendoza a mediados del siglo XIV; a partir de este momento aumentó el dominio de la familia sobre la ciudad. Con los Mendoza, Guadalajara adquirió un ambiente de Corte y de gran esplendor. Uno de los momentos culminantes durante esta Baja Edad Media fue la boda del futuro Duque del Infantado, Don Diego Hurtado de Mendoza, con Doña María de Luna, prima del valido de Juan II Álvaro de Luna. Igualmente esplendorosa fue la boda de Beltrán de la Cueva con María de Mendoza, hija tercera del Duque del Infantado, en 1460, motivo por el cual Enrique IV concedió a Guadalajara el título de Muy Leal y Noble.

El 15 de julio de 1464, la ciudad de Guadalajara fue entregada por el rey a Diego Hurtado de Mendoza, pero éste no se atrevió a incorporarla a sus dominios, aunque actuó como un auténtico señor poseedor de la misma: atrajo a un crecido número de hidalgos y artesanos para poblarla más intensamente y concentró en ella los órganos de gobierno de sus amplísimos estados, sentando las bases del dominio que ejercieron los Mendoza sobre ella.

Durante el siglo XVI, la familia de los Mendoza introdujo el Renacimiento y logró dar a la ciudad un esplendor excepcional; desfilaron por su Corte ducal los personajes más notables de la sociedad del momento: los propios Reyes Católicos, los príncipes Juana y Felipe, Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico, el rey de Francia Francisco I, o el Emperador Carlos V. También brilló la ciudad con acontecimientos tan destacados como la boda real de Felipe II con su tercera esposa Isabel de Valois, celebrada en el palacio del Infantado y festejada con las grandes fiestas organizadas por el IV Duque del Infantado (todos estos aspectos se analizarán más ampliamente en los apartados correspondientes).

En el siglo XVII, extinguida la rama masculina de los Mendoza y trasladada a Madrid la residencia de los mismos, se inició un período de decadencia profunda de la ciudad que se agravó por la cruel incidencia que tuvo la guerra de Sucesión; fueron especialmente duros los saqueos y ataques del ejército austríaco en 1706 y 1710; esta decadencia se tradujo en una alarmante disminución de la población y en una desaparición casi total de la actividad artesanal y comercial. En esa época Guadalajara alcanzó la cota más baja de su evolución demográfica, con sólo 2.200 habitantes y casi todos sus edificios notables en ruinas.

En 1719 se produjo un positivo intento de recuperación con la instalación, en el antiguo palacio de los Marqueses de Montesclaros, de la Real Fábrica de Paños, que logró su relanzamiento económico ya que atrajo a múltiples operarios de toda España e incluso europeos, especialmente holandeses. Pero la Guerra de la Independencia reinició la decadencia de la ciudad: la fábrica de Paños paralizó su actividad, el ejército francés la ocupó en 1808 y utilizó para su albergue iglesias y conventos, en los que causó graves destrozos. En 1813 otra acometida del ejército destruyó gran parte de los edificios del centro. El debilitamiento de Guadalajara se hizo patente nuevamente en el siglo XIX, con las devastaciones provocadas por los ejércitos carlistas en la provincia y en la capital, con un descenso notable de población, destrucción del caserío y decadencia de sus instituciones religiosas a partir de la Desamortización. Su nombramiento como capital de la provincia del mismo nombre y con la creación de nuevas instituciones provinciales, fueron hechos que lentamente contribuyeron a recuperar el ritmo de la ciudad.

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